Pocos lo sabéis ya que me gusta lo que hago. Entiendo que no puedo hacerlo igual que gente a estudiado diseño, o que lleva años trabajando de ello. Pese a eso, cada día que me dicen que debo hacerlo mejor, aun al estar dando el 120% de mí misma, porque me gusta la empresa, me gusta lo que hago, me gusta el buen rollo con mis compañeros, me frustro. No ven que yo doy el máximo, que si bien no siempre lo doy, trato de que sea la mayor parte del tiempo. Todos tenemos derecho a tener días flojos ¿no?
El balance, aun así, es positivo, tiendo a salir orgullosa el 90% de los días.
Luego, están los días como hoy, en los que un trabajo lo hago yo mejor que mi tutor, debido a años de práctica. O días como aquel de navidad, en las que las dos propuestas las diseñé yo sola. La primera con consejos, la segunda, solo con una revisión de mi tutor, la final, en la que no me corrigió nada.
Otros días, en manipulados, en los que me dejan totalmente sola porque saben que sé hacerlo, es como cargarme de energía. Confían plenamente en mí y creedme, se siente genial.
La frustración no siempre es sinónimo de rendición.
Sé que estoy donde quiero y necesito estar desde que tengo 8 años. Sé que hago lo que me gusta. Aun quedan años para ser una milésima parte de lo buenos que son ellos, pero aun así, yo pienso llegar a serlo.